Veraneando en la costa pude ver desde la playa
como algunas personas se adentraban al
mar, al principio algunas comenzaban mojándose los pies hasta tener solo las
piernas sumergidas, otras ya teniendo el agua arriba de la cintura se divierten
saltando sobre el oleaje, otras que se atreven un poco más, con el agua hasta
los hombros, juegan a saltar las olas, o bien, cuando la ola es más grande, se
zambullen de cabeza para que la ola pase por encima de ellos. Una amiga que fue
muchas veces al mar me conto que en una oportunidad, sin darse cuenta empezó a
ser arrastrada hacia adentro por la corriente
del mar y tuvo que ser rescatada por un guardavidas. Esta situación que
describo se asemeja a la vida que muchas personas viven y que yo viví en un
tiempo. Desde chicos empezamos a mojarnos los pies con algunas mentiras a
nuestros papás para no ser descubiertos de alguna travesura, a medida que vamos
creciendo las travesuras también suelen ser más graves, como robar algo aunque
sea de poco valor y de esa forma casi como si fuera un juego, nos vamos
adentrando al mar de nuestros pecados que nos arrastra a una muerte eterna; por
ser transgresores a la Ley de Dios. Pero así como un guarda vidas puede
rescatarte de morir ahogado en el mar.
Dios nos proveyó de un Salvador, que sufrió la muerte en la cruz ocupando el
lugar de condenación que mereces por tus pecados, el justo juicio de Dios fue sobre Jesús, para
darte vida eterna, y salvarte de una condenación en el infierno. Quizás pienses…
esto de Jesús no es para mí, porque ignoras la gravedad del pecado frente a un
Dios santo. La Biblia dice: “por cuanto está
establecido a los hombres que mueran una sola vez y después de esto el juicio” (Hebreos
9:27), Sí estimado lector un día estarás delante del Señor y serás juzgado por
su Palabra. Pero si reconoces tus pecados y tu imposibilidad de salvarte. Acude
a Jesucristo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su único Hijo, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda
más tenga vida eterna” (S. Juan 3:16)