Cuando cualquier persona transgrede la ley y es
atrapada por la policía, será llevada ante un juez, recibirá una condena y
será llevada a la cárcel. Lo mismo sucede en el plano espiritual; cuando
pecamos transgredimos la ley de Dios, los diez mandamientos, tales como: No
mentirás, no robarás, no adulterarás, no codiciarás, etc… y merecemos una justa
condena al infierno (la cárcel de Dios).
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,
la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1). En mi experiencia personal
cuando me reconocí pecador tuve la total certeza y la total convicción de que
por mis pecados iba a ser condenado al infierno; y me pregunte ¿Quién va a
librarme de terminar así condenado? E inmediatamente recordé ¡Jesucristo! Él ocupo el lugar de condenación
que yo merecía. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna.” (S. Juan 3:16)
A quienes creemos en Jesús, Dios nos declara inocentes
porque el juicio recayó sobre su Hijo, quién soporto la condena de Dios en la
cruz de vergüenza y dolor. Jesucristo murió, fue sepultado, mas al tercer día
resucitó. Ahora está sentado a la diestra de Dios para abogar e interceder por
todos los que ejercemos la fe en Él.
Es mi deseo estimado lector que creas en
Jesucristo, porque ¿Si mueres hoy, dónde pasarás la eternidad? Solo hay dos
posibilidades, al cielo si crees en Jesús, o al infierno si no crees en Él.
Dios te bendiga.